jueves, 10 de junio de 2010

Julia Codesino (1892-1979)

Julia Manuela Codesido y Estenós fue una pintora peruana y una de las representantes más significativas del movimiento indigenista.
Codesido viajó a los diecisiete años a Europa junto a su familia, donde tuvo sus primeras inclinaciones por el arte. Visitó los grandes museos y galerías absorbiendo las diferentes tendencias europeas.
Retorno a Lima en 1918 donde hizo sus primeras prácticas artísticas formales en la Academia de Teófilo Castillo en la Quinta Hereen. Para 1919 se encontraba en la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú, en el taller de Daniel Hernández, y solicitó, en el año de 1922, su traslado al taller de José Sabogal.

Al culminar sus estudios realizó su primera exposición individual en la sala de la Academia Nacional de Música Salcedo en 1929. En 1931 fue nombrada profesora de dibujo y pintura de la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú luego de haber sido auxiliar de Sabogal.

El año 1935 viajó a México y allí estudió, con honda simpatía, el movimiento pictórico surgido de la revolución donde expuso en la Galería de Exposiciones del Palacio de Bellas Artes. En 1936 expuso en Nueva York, en la galería Delphic Studios. De ahí en adelante la artista realizó numerosas exposiciones colectivas e individuales. Su estilo posee una innegable fuerza alcanzada con enérgico sintetismo
En 1946 es nombrada miembro del Instituto de Arte Peruano, teniendo como principal función formar el fondo museográfico de arte y artesanía popular del hoy conocido Museo Nacional de la Cultura Peruana.

Su obra

La obra de Julia Codesido se puede resumir en tres etapas: la primera, que abarca los años 1919 hasta 1924, comprende formación académica en la Escuela Nacional de Bellas Artes dirigida por Daniel Hernández, aquí vemos sus primeros trabajos de marcada tendencia naturalista, como por ejemplo los diversos desnudos y retratos, que si bien mantiene la tendencia naturalista, se vislumbra el estilo propio que irá desarrollando a lo largo de su carrera.

La llegada de José Sabogal a la escuela de Bellas Artes en 1920, influyó en su estilo y, para 1925, los autores señalan el inicio de su segunda etapa peruanista denominada "indigenista". En este período es innegable la influencia de Sabogal tanto en la temática como en la técnica; abunda la temática indígena y mestiza, los colores son vivos y el trazo fuerte que remarca las facciones indígenas con los pómulos angulosos, ojos grandes y fijos y las pupilas dilatadas. Debido al viaje que realizó a México y en donde expuso en la Galería de Exposiciones del Palacio de Bellas Artes en 1935, su pintura sufrió una evolución al recibir la influencia de la pintura mural mexicana.


La obra de Julia Codesido destacó del grupo "Indigenista" porque fue una artista que trascendió a la tendencia, ya que su pintura no solo recibió influencia externa, como la pintura mural mexicana o europea, sino que la asimiló y reelaboró, obteniendo como resultado una pintura con características propias.




Jorge Vinatea



Antes que nada, es importante mencionar que Jorge Vinatea fue el pintor que mejor supo trasladar al lienzo las manifestaciones culturales de la sociedad en que vivió; debido a que logró crear representaciones ideales del indio y de lo andino que consolidaron la corriente del indigenismo.

Jorge Segundo Vinatea Reinoso nace en Arequipa en el año de 1900. En sus inicios, utilizó la acuarela, técnica con la que ejecuta diversos retratos y paisajes de su ciudad natal, y a dedicarse a las caricaturas que lo llevarían a realizar su primera exposición, misma que se llevó a cabo en el estudio fotográfico de los hermanos Vargas. Posteriormente, desde su llegada a Lima en 1918 hasta su muerte en 1931, colaboraría con la revista Mundial

Estando en la ciudad de Lima, ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes donde como profesor a Daniel Hernández, un pintor profundamente académico. Hernández había vivido más de cuarenta años en Europa y su influencia sobre el joven Vinatea se tradujo en una limpia técnica artística. Al egresar, Vinatea recibe la medalla de oro de Bellas Artes, escuela con la que permanecerá vinculado como profesor auxiliar de pintura. Al año siguiente, inaugura el Salón de los Egresados, creado por Hernández para exhibir las obras de nuevos pintores. Así, continuó trabajando intensamente, tanto en su pintura como en la revista Mundial, donde publica sus caricaturas algunas obras suyas. La excesiva carga laboral resulta perjudicial para su salud y contrae tuberculosis.

Después de los temas limeños, diversos viajes al sur del país (Arequipa, Puno, Cusco) le proporcionan temas en los que insistiría una y otra vez, creando un "indigenismo" diferente al "oficial" de Sabogal y sus discípulos. Entusiasmado con una exposición prevista en Buenos Aires, redobla la intensidad de su trabajo hasta que finalmente, en junio de 1931, muere en Yanahuara, poblado cercano a la ciudad de Arequipa que había sido objeto de su pintura


jueves, 27 de mayo de 2010

José Arnaldo Sabogal Dieguez (1888-1956)

Notable pintor peruano, creador del llamado movimiento "indigenista" que reunió a un grupo de talentosos artistas, todos ellos empeñados en exaltar las raíces andinas de nuestro pueblo.
José Sabogal, es uno de los pocos pintores indigenistas que ha hecho de su vida una gran aventura, viajando por el mundo, logrando estudiar y empaparse de ese arte tan maravilloso como es la pintura.


Trabajó con Rivera y Orozco entre 1922 y 1925, de los que recibió decisivas influencias. Su obra se inscribe en la corriente indigenista, de la que está considerada como uno de sus más conspicuos representantes. Entre 1933 y 1943 fue director de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima, cargo desde el que alentó un radical nacionalismo en el arte peruano.
Su obra, ubicada en el contexto de su tiempo y de su propia circunstancia, nos acerca a comprender, en caso de ser posible, el problema de la identidad cultural.
Más allá de la opción temática o del desarrollo de la obra, el compromiso por acercarse a las fuentes de inspiración y a los orígenes de los pueblos ha sido una constante que se observa en la evolución pictórica de la región americana de aquel momento y sin que el proceso sea idéntico ni necesariamente comparable con los otros países de la región andina.
En nuestro medio, fue José Sabogal quien rompe con las pautas clásicas de la composición y del color; crea a partir de la observación y la admiración de la propia realidad, de la naturaleza, del hombre y de su sociedad a los que descubre envueltos en un manto dual de alegría y tristeza, en un intento por exaltar los aspectos menos conocidos o menos apreciados de los pueblos antiguos. Lo revolucionario en su obra no sólo es la propuesta sino su consecuencia. Al redescubrir lo propio y asignarle nuevamente un valor positivo, se subleva el espíritu aletargado de una raza y se le enfrenta al conocimiento de sus derechos y a la exigencia de la justicia que les corresponde.


En tanto se trata de situaciones que con mayor o menor similitud viven los pueblos de América, el indigenismo se convierte en uno de los movimientos artísticos más trascendentes en la región americana.
Es en este contexto en que aparece como una primavera de novedad y renovación la propuesta de Sabogal y es hacia ella que convergen muchos creadores. Ello se dio junto a la aparición de una nueva y emergente sociedad. Lima, la capital, dejaría desde entonces de ser el eje exclusivo de la sociedad señorial de antaño para convertirse en un polo de atracción provinciana.



Arquitecto quechua

Fue la figura de Sabogal la que encarnó las inquietudes insatisfechas de los artistas cuya actitud, lejos de ser beligerante, era producto de los tiempos de profundas transformaciones ante lo que el maestro significaba, una respuesta nueva a través de la cual se forjaría un estilo pictórico auténticamente peruano.
Con su extraordinaria sensibilidad, Sabogal se dedica a estudiar y conocer al indio, escudriñando en su espíritu, en su relación con el medio ambiente, en sus costumbres, creencias y valores. Luego de su primera exposición, el reconocimiento, la crítica, la aceptación y el rechazo, surgieron casi de inmediato y Sabogal pasó del anonimato a ser una personalidad que motivaba encendidas discusiones de encontradas tendencias.



Huanta

Indigenismo

El contacto con nuevos ambientes y nuevas realidades, nos permiten entender mejor nuestro ámbito vital. Así sucedió en la pintura, la belleza de esos mundos idealizados del arte académico y clásico, dio la posibilidad a nuestros artistas de conocer el significado real y concreto de nuestra tierra, de nuestros habitantes, de nuestra herencia artística. El excesivo interés y respeto por lo foráneo decae ante una nueva concepción del valor estético como exaltación primordial de lo propio. Algunos artistas que emigraron en afanosa búsqueda de conceptos originales, vuelven a la tierra saturados de nostalgia portando un mensaje de amor a lo suyo. Surge así la Pintura Indigenista, ávida de emoción local, deseosa de gozar y transmitir la belleza temática, formal y cromática de nuestros pueblos y de nuestros tipos.


El indigenismo produjo un aporte de claro y evidente nacionalismo, pero mirado con el desaire que se dispensa a lo aldeano, tuvo que pasar también y ceder camino a la reacción surgida en la lógica rutina de cambio dentro de la inmensa rueda del tiempo. Efímera, pero fructífera fue la vida del indigenismo en la pintura. Quienes operaron en el nuevo estilo supieron impactar hondo en la sensibilidad de nuestro pueblo, y hoy los nombres de José Sabogal, Jorge Vinatea Reynoso, Enrique Camino Brent, Camilo Blas, Julia Codesido y otros se encumbran ante el aprecio y la aceptación incondicional hacia todo lo peruano. Las ojotas y el poncho de nuestros hermanos de la sierra ya calzan nuestros pies y flamean en nuestros ámbitos.


El espíritu noble y transcendente de la pintura indigenista, se deja sentir en la plática contemporánea a través de una tendencia permanente a incidir, sobre temas que nos son propios, sobre nuestra problemática social o aportando un alto concepto y respeto por los valores artísticos de nuestro pasado y de nuestra realidad vital.
En definitiva el aspecto humano y el sentimental expresionista del indigenismo, vertidos en imágenes de trazo vigoroso, de fuerte contextura, de empaste grueso, de concepción abstracta, de rico colorido y gran dominio compositivo, se ha constituido en base y sustento de una gran parte de la producción estética actual.

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jueves, 15 de abril de 2010

Pintores Peruanos

Luis Montero


El pintor Luis Montero nació en Piura el 8 de Octubre de 1826. Sus padres fueron don Francisco Montero y doña Maria Cáceres.
En 1843, concurre durante un semestre a la Academia de Dibujo y Pintura de Lima dirigida por Ignacio Merino; la falta de dinero hace que se dedique al comercio, fue dependiente de una tienda de esta ciudad y en 1847 dirigía un negocio en Ica. El retrato que hizo en miniatura del Presidente Ramón Castilla decidió el otorgamiento de una beca a Italia en 1848; va a Livornio donde es protegido por el Conde Ceppi quien lo conduce a Florencia, ingresando a la Academia de Bellas Artes de esa ciudad, donde permaneció casi tres años. Fue discípulo de Guiseppe Bezzuoli y de Servolini.
Luis Montero, se trasladó al Callao a principios de 1869, para pintar en el puerto la histórica batalla del 2 de mayo de 1866. En la misma época fue atacado por la fiebre amarilla, que lo postró irremisiblemente, falleciendo el 23 de marzo de 1869; sus restos fueron llevados a Lima para ser velados. Ya en su agonía, recibió la medalla del Congreso que premiaba su talento artístico.

Sus obras más conocidas Los Funerales de Atahualpa y el lienzo La Libertad, fueron exhibidos en la Exposición Nacional-Industrial de julio de 1872, inaugurando el Palacio de la Exposición de Lima, permaneciendo allí hasta 1879 cuando fueron incautados como botín de guerra por Chile. Ambas obras fueron llevadas a Santiago de Chile. Años más tarde, se pudo recuperar Los Funerales de Atahualpa gracias a la gestión personal del tradicionalista Don Ricardo Palma Soriano ante el Presidente chileno. La pintura 'La Libertad' está considerada como una de sus obras importantes, también realizada por encargo del Gobierno, representa una alegoría de un indígena con cadenas fracturadas. Fue recuperada, años más tarde por un mecenas del arte
La famosa pintura llamada "Los Funerales de Atahualpa", donde exhibe muchos atributos del estilo que en su libro "Vision, Race, and Modernity" llama "Inca Operatic." (Esto significa que los artistas no mostraban la raza de los indios por efectos exteriores como el color de la piel, rasgos étnicos, vestiduras indígenas, o haciendo costumbres nativas.




La pintura está dividida en dos partes iguales. La izquierda exhibe el estilo romántico, con mucha emoción, movimiento, y con figuras arremolinadas. Este lado tiene todos los indígenas, con la excepción notable de Atahualpa. Pero también, este lado tiene aspectos del estilo clásico. Aunque las mujeres son indias, aparecen como mujeres italianas vestidas con túnicas, con la piel blanca, y el rostro con rasgos europeos. Es significativo que la única persona que no aparece europeo es Atahualpa. El es moreno con un rostro indio y ropa Inca. Tiene el tocado tradicional de los reyes Incas, con la pluma y borla roja.




Ignacio Merino




El más grande de los pintores de América, Ignacio Merino, vio la luz en la ciudad de Piura, el 30 de enero de 1817; fue un pintor peruano que gozó de gran prestigio internacional, al punto que sus pinturas inspiraron al famoso escritor francés Julio Verne a escribir unos de sus primeros relatos, Martín Paz, una fantasía que fue publicada en la revista ilustrada El museo de las Familias.
Fueron sus padres el Juez Real, Subdelegado y Comandante Militar del Partido de Piura, don José Clemente Merino y doña Micaela María Muñoz, ambos pertenecientes a linajudas familias oriundas de Trujillo.
Por sus venas corría sangre de Santa Teresa de Jesús, la mística española, cuya influencia se advierte a través de su obra en la preferencia que dio el artista a los temas religiosos. A los diez años fue enviado por sus padres a París para que cursara sus estudios alcanzando el grado de Bachiller en una de las universidades parisinas, pero abandonó los estudios atraído por su irresistible vocación artística.

Estudió con los célebres maestros franceses Dela-roche, Monuosin, Delacroix, identificándose especialmente con el primero, con quien se le parangona y de quien tomó, seguramente, su afición por los temas históricos. Arrastrado por la cultura europea se alejó de los temas históricos de nuestra Patria, a los que, tan sólo aportó una obra: Entrada del General Orbegozo a Lima. Gustó, en cambio, de captar tipos y costumbres pintorescas de Lima.

Fue sub-director y luego Director de la Academia de Dibujo y Pintura que fundara el Virrey Abascal, desde donde ejerció gran influencia en la formación de otros prominentes pintores, tales como: Luis Montero, Francisco Masías, Francisco Arrese, todos piuranos y sobre todo el tacneño Lazo.
Por la década del 40 produce obras de gran inspiración, entre ellas: Santa Rosa de Lima, Fray Martín de Porras (se conserva en la Catedral), Lima por dentro y por fuera, Jarana de Amancaes, Limeños en el portal.

En 1850, retorna a Europa y obtiene sus mayores triunfos, entre ellos, la Tercera Medalla de Honor en la Exposición de Bellas Artes de París con su cuadro "Colón ante los sabios de Salamanca", obra que se conserva en Lima, pues fue comprada por el gobierno del presidente Balta.
Producto de este período fue también "Aparición del Arcángel en casa de Tobías" , obra en la cual se advierte la maestría en el manejo del color y la luz, aspectos en que es superior a sus maestros y único en América. El 17 de marzo de 1876 muere, en París, a los 59 años, aumentando el número de los hombres que se han inmortalizado por haber regalado al mundo obras pictóricas.




Francisco Laso



Francisco Laso, uno de los más importantes pintores peruanos del siglo XIX, nació en Tacna el 8 de mayo de 1823. Pasó su infancia en Arequipa y luego se trasladó a Lima, donde, abandonando los estudios de Derecho, se inscribió en la academia de dibujo de la Biblioteca Nacional que dirigía el quiteño Javier Cortés.
Laso arriba a París en 1843 y empieza practicar en el taller del pintor suizo Charles Gleyre, maestro, años después, de los grandes impresionistas Claude Monet, Auguste Renoir y Alfred Sisley. Luego de seis años, retorna al Perú y abre un estudio en Lima.A pesar de su bien ganado prestigio de retratista, su interés por los temas peruanos lo lleva a viajar por el interior del país y a pintar, en un estilo sencillo y plástico, con gran dominio del claroscuro y los colores naturales, cuadros con temas indígenas, como La pascana, Indio alfarero, cuadro también llamado Habitante de la cordillera.
A su regreso, en 1855, pinta retratos y los cuadros de los cuatro evangelistas de la catedral de Arequipa e incursiona en el periodismo. En París había escrito el folleto Aguinaldo para las señoras del Perú, donde hacía crítica de costumbres, lo que le granjea algunas enemistades.
Después de su matrimonio con Manuela Enríquez, viaja una vez más a Europa y al retornar, en 1866, participa en el combate del 2 de Mayo y al año siguiente es elegido diputado al congreso constituyente.Muere el 14 de mayo de 1869 en el pueblo de San Mateo, cuando se dirigía a la sierra, quizás a causa de la fiebre amarilla que había adquirido mientras colaboraba con la Cruz Roja en la campaña de erradicación de esta enfermedad.Francisco Laso es considerado un precursor del indigenismo, corriente que se desarrollará recién cincuenta años después de su muerte.Otras de sus obras destacadas son el Retrato de Doña Manuela Enríquez de Laso, Caballero español, La lavandera, Santa Rosa de Lima y Retrato de un desconocido.


Contexto social en Lima y Perú entre 1821 y1870




El 28 de julio de 1821, el movimiento independentista dirigido por el general argentino José de San Martín, proveniente de Chile, declaró la independencia e instauró un nuevo estado. Sin embargo, recién en 1824 el general venezolano Simón Bolívar logró expulsar definitivamente las tropas realistas afincadas en la sierra sur tras las batallas de Junín y Ayacucho, el 6 de agosto y 9 de diciembre de 1824 respectivamente.

El 12 de agosto de 1821 San Martín suscribía un decreto por el cual se abolía la esclavitud de todos los hijos de esclavos que hubieran nacido y nacieren a partir del 28 de julio de 1821, fecha de la declaratoria de la independencia del Perú. En la parte considerativa de este decreto se hace referencia expresa a la necesidad de conciliar el anhelo de justicia con los intereses de los propietarios de esclavos para los cuales cada negro era más un capital o útil de trabajo que un ser humano. La necesidad de conciliar este interés es el que hace restringir la abolición de la esclavitud solo para aquellos nacidos a partir de la fecha señalada.

El Protector precisaba que la esclavitud, como institución, había sido sancionada por el tiempo, es decir que había devenido en una necesidad histórica a partir de un determinado momento de la historia humana. Que, por lo tanto, el propio tiempo sería el encargo de darle el tiro de gracia a tan injusta institución. Pero que, los gobiernos tenían que hacer todo lo posible para que esa transición fuese lo más rápido posible, aunque teniendo en cuenta los intereses económicos de los propietarios. Como señala Carlos Aguirre, "San Martín iniciaría lo que vendría a ser el proceso legal de abolición gradual de la esclavitud en el Perú".

La República hereda del Virreinato una educación prácticamente medieval, pedagógicamente atrasada y profundamente clasista. Aún se mantenía en algunos centros de estudios la función de educar a la clase criolla, y a los descendientes de los indios nobles. El Convictorio de San Carlos es un claro ejemplo de dicha continuidad.

La Iglesia aún mantenía su influencia en las escuelas, pero sólo hasta la aplicación del sistema Lancastariano a iniciativa del libertador Dn. José de San Martín. Se empezaría a utilizar el método europeo referente a la enseñanza en el Perú. Así, la iglesia perdería el privilegio de controlar la educación, pues la técnica lancastariana implica que los civiles se convertirían en maestros, dejando de lado la preeminencia de los clérigos en las escuelas. Con respecto a la educación femenina, fue esencialmente privada en Escuelas o ha domicilio. Hubo escuelas para hombres y otras para mujeres. Se enseña en ella `primeras letras´, doctrina cristiana, costura, tejido y bordados, aritmética, caligrafía, gramática castellana, francesa, inglesa, geografía, dibujo, piano y canto.

El fenómeno del caudillismo esta relacionado con el caos que provocó las guerras de independencia en los nacientes estados de Hispanoamérica. En el Perú es conocida como el Primer Militarismo a esta inaugural etapa emergida de la independencia política criolla contra el colonialismo español: el Virreinato. Precisamente lo que caracteriza a este periodo fue en caudillismo militar.

sábado, 10 de abril de 2010

Que es la Zamacueca?

La Zamacueca a lo largo de la historia, ha sido un baile nacional popular, bailado generalmente por personas de piel oscura.
Esta danza tiene su origen en los inicios de la época republicana, y tuvo una expansión por Chile, Bolivia y Argentina, haciéndose conocida como Cueca o Zamba. Su coreografía es simple que invita y evita el golpe pélvico que se da en casi todas las Danzas negras del Perú y simbolizan la posesión sexual.

Esta coreografía fue ejercida solo por negros o zambos y entre ellos habían diferentes categorías. Este baile es una danza folklórica peruana en la cual las parejas hacen una fusión entre palmas, fornidos zapateos con un marcado movimiento de las caderas, y realizan un excelente trabajo rítmico al moverse al compás de los instrumentos de percusión que ya son parte de un nuevo aporte folklórico; como por ejemplo: el cajón, la cajita el cencerro y la quijada de burro.

La vestimenta de los bailarines es usual, un vestir diario y de campo donde se puede observar una autenticidad del negro peruano con vestidos largos a media pierna, alpargatas, medias gruesas y largas, y puede ser que hasta un pañuelo recogiendo el pelo o un sombrero de paja el cual sirve para que se protejan de los rayos solares a los que están expuestos estos negros peruanos en sus chacras y cañaverales costeños del Perú.

Pancho Fierro, un gran acuarelista, dibujaba a través de sus pinturas lo que percibía sobre esta danza y la interpretaba de una manera muy especial, sabiendo que era una danza muy picara y sensual.
Durante la guerra con Chile y la propuesta de Abelardo Gamarra, el nombre fue cambiado por la “Marinera”.